Ahora no soy capaz de recordar sino vagamente si mi padre recibía regalos en lo que El Corte Inglés dictaminaba que era su día. La memoria se vuelve vaga y difusa como el humo de una pipa fumada en estado de embriaguez.
[Mi padre fue una persona pegada al humo durante toda su vida, quizá también es justo que ahora el recuerdo se haga humo, pienso mientras aspiro la pipa que lleva su nombre grabado en la caña.]
Ateo y despagado, anarquista de salón, nunca celebré los santos, las celebraciones de los grandes almacenes y los cumpleaños, psé, de aquella manera. Siempre me chirrió esa premeditación en los calendarios, creada de forma aleatoria, como se dejaron caer las fronteras sobre África tras la época colonial. Esos anuncios de colonias, esas promociones especiales de corbatas o artículos de caballero.
Entre los que, por aquel entonces, estaban también los artículos de fumador.
Siempre mantuve una lucha interna con los artículos de fumador que jamás le regalé a mi padre. Por un lado, mi madre me aleccionó con mucho éxito en el talibanismo antitabáquico y no permitía que de forma directa o indirecta fomentase o hiciera cualquier gesto que denotase una mínima aprobación de la forma de vida que él eligió llevar. Por otra parte, admito que visité más de una vez la sección de artículos de fumador de El Corte Inglés y observaba extrañamente fascinado aquellas pitilleras plateadas, los mecheros Dunhill, los Zippos, y probablemente también mirara las pipas con la fascinación de los hombres tranquilos que aparecen en las películas fumándolas mientras observan el mundo girar. Ahora lo pienso, es probable que ahí estuviera el germen que años después me convertiría en fumador de pipa.
Navegando entre esas dos orillas, me quedé como un niño que quiere nadar con bandera roja, varado en la playa, convenciéndome de que no podía ser.
Nunca le regalé ningún artículo de fumador a mi padre, el hombre sin más hobbies que la pesca y las novelas de Silver Kane y Marcial Lafuente Estefanía. Ahora recuerdo que sí le regalaba alguna cosa, más porque era su santo (Juan José se llamaba) que por paternidades forzadas socialmente.
Cosas intrascendentes que no nos marcaron ni a mí ni a él.
Como dice la mujer a la que quiero, los regalos se hacen para la otra persona, no le regalas a la otra persona lo que a ti te gustaría recibir.
Hay lecciones que sólo aprendes cuando es demasiado tarde para corregirlas, pienso mientras ataco el Three Nuns y aplano la brasa. Mi padre, como tantos otros padres del mundo, ya no está. Y sólo puedo fumar en su memoria con su pipa, la que Rafa Martín creó y me regaló para que me pudiese comunicar con él.

Quizá algún día, si se diera el improbable caso de ser padre, tenga un hijo que no tema regalarme una pipa y hacerme feliz.

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“Quizá algún día, si se diera el improbable caso de ser padre, tenga un hijo que no tema regalarme una pipa y hacerme feliz”.
Querido Ralph:
Cuando (SDQ) algún dia seas padre, verás que con un trozo de papel cortado en forma de sol, coloreado con cera amarilla de esas pringosas y una sencilla frase con letras prematuras que diga: “Tu eres mi sol, papi”… Entonces como te digo, veras lo inmensamente feliz que eres, igual que lo era tu padre con esos pequeños detalles tuyos, e igual que lo sigue siendo sabiendo desde allá donde se encuentre tu le sigues brindando ese regalo que nunca le debe faltar a un padre; el cariño y el reconocimiento de un hijo. A mi mis hijos no me han regalado una pipa, por que les tengo dicho que excoger una pipa es algo muy personal. Lo que Lucía y Francisco José me han regalado por encima de los detalles materiales es reconocimiento, admiración, gratitud y el recuerdo de que todos los dias del año me adoran.
Mi pipa llena de rico Pezance regalado anoche por nuestro amigo David en este instante fabricando flores de humo que dedico a con todo cariño a Juan José, a Francisco y a todos los padres orgullosos de ser eso… PADRES.
Un abrazo y gracias amigo
Quién sabe, dentro de 10 años hablamos a ver si tu esperanza ha vencido a mi escepticismo
Un abrazote Modereitor!!!
¿Fumaba puros tu padre? Bueno, aunque así no fuera, déjame ilustrar tu texto a mi manera (la de siempre):
http://bit.ly/gOHlfo
Jeje, no, él era más de la cuerda sencilla del cigarrillo, pero todo vale como homenaje
Gracias.
(da gustirrinín saber que estás leyendo ahí escondida en la sombra, ji) :*
Llevo un tiempo enganchado a este blog. Suscrito en el Google reader, espero las novedades cada día. Y como cada día no llegan, cuando llegan me llevo una gran alegría.
Enciendo mi pipa, me sumerjo en el humo y leo estos post que reflejan la vida que se ve a través del humo denso de este tiesto que llevamos pegado a la boca saboreando la vida y navegando en esta vida nublada.
A mi me sucedía lo mismo, recuerdo de niño pasear por el Corte Inglés por la extinta zona de fumadores viendo artículos de fumador que entonces mi economía de niño no me podía permitir regalarle a mi padre y a su pipa.
Fue él quien me introdujo en este maravilloso mundo de la pipa.
Ahora, no en el corte inglés pero sí en otro lugares, puedo ir a buscarle algo a mi padre para que fume. Aprovechando que aún lo tengo cerca, busco con esto una excusa para fumar con él y, cuando llegue a mi casa fumo a su salud.
Llegará un día en que encargue una pipa que me lleve a su recuerdo. Hoy, todavía lo tengo cerca.
Muchas gracias por este post. Me hace dar gracias por tener a mi padre. Por poder disfrutar de él y, poder fumar juntos una pipa llena de buen latakia.
Hola Rodrigo,
muchas gracias por el comentario. Me has hecho pensar detenidamente no sólo en las sensaciones paternofiliales (las cuales por desgracia tengo bastante exploradas en los últimos dos años), sino en el hecho de que haya gente que esté esperando actualizaciones más frecuentes
Trataré de postear más a menudo
Un abrazo
Magnífica pipa, es preciosa. Hoy llenaré una de mis Rafa Martín con algún otra labor con perique (no tengo Three Nuns) y la fumaré en honor a tu padre, si me permites la osadía. Salud.
No sólo la permito, sino que, si puedo esta noche -la tengo un poco atareada- escribiré al respecto
Muchas gracias y bienvenido!
[...] esta frase hace siete meses, tras pasar ese día que los grandes almacenes tienen a bien denominar El Día del Padre. Era esa clase de día en la que uno no puede ya buscar un libro de pesca para regalar, sino sólo [...]