Vivimos tiempos duros, deshonestos e intolerantes.

Fruto de la democracia garantizada, hemos engendrado una generación de menores de 30 años para quienes la democracia no ha sido un bien luchado, sino una excusa, un parapeto desde el cual lanzar piedras contra la diferencia en aras de la libertad de expresión. Es decir, yo tengo libertad para perseguirte, pero cuídate tú mucho de abrir la boca contra mí, pues estarás conculcando mis derechos. Esta generación de jóvenes revolucionarios de boquilla entienden los derechos en una sola dirección, la suya, y olvidan los deberes. El centro del mundo es su propio bienestar, y nadie les ha enseñado en ninguna escuela el concepto de empatía, esto es, ponerse en el lugar de la otra persona para, no ya adoptarlo, sino simplemente comprender su punto de vista.

Francotirar tiene un motivo. Hoy he tenido una interesante y relevadora conversación -si se pudiera definir así- por Twitter con un antitabáquico. Aquí la conversación. Fórmense su propia opinión sobre los tiempos en los que vivimos.

X > El yerno de Carlos Fabra, enchufado como Consejero de Sanidad (el que se burlaba de los gays), está a favor del tabaco.

Yo > No seamos tendenciosos: no estar a favor de la limitación absoluta de la libertad individual, no es estar “a favor del tabaco”. Y otra pregunta: vale que cualquier relacionado con Fabra nos cae mal, ¿pero ser fumador y ejercer te convierte en facha?

X > NADIE tiene ninguna puta “libertad individual” para DAÑAR LA SALUD de los demás. Ser fumador y obligar a otros a joderse y arriesgar su vida por una adicción que es sólo tuya, es lo que parece. /pausa/ Si el yerno de Carlos Fabra odia los homosexuales, es lógico que también se oponga a la legislación anti-tabaco.

Yo > Error: defiendo que tengo derecho a fumar en un lugar público. En una cosa que se llama separación de espacios. No pongas en mi boca cosas que no he dicho. Un error demagógico bastante habitual al hablar de tabaco, por cierto. Y esto [lo del sobrino de Fabra], con perdón, es una falacia ad hominem.

X > No tienes derecho a fumar en un lugar público cerrado. No lo tienes en ética, y pronto dejarás de tenerlo en Ley. ¡Sin acritud!

Yo > Nuevo error: consumo un producto legal. Que financia 9.000 millones de euros al año al Estado. Tengo derecho a fumar. Claro que no tienes por qué tragarte mi humo: por eso nuestro derecho mutuo es la separación de espacios. Si no quieres reconocer eso, es talibanismo. O fascismo. Ni más ni menos.

X > La separación de espacios no es hermética, ergo ATENTAS CONTRA LA SALUD PÚBLICA de personas inocentes. La falacia de los impuestos no vale: a medio plazo, pagarte la quimioterapia nos saldrá más caro de lo que te ha costado enfermar. Y no soy talibán por recordarte que careces del supuesto derecho a perjudicar a los demás. Si quieres fumar, vete a la calle. Declino polemizar, después de todo, existe mayoría parlamentaria para equiparar la Ley española a la del resto de Eurpoa.

Yo > Infórmate antes de hablar: gasto sanitario del tabaco, 6300 millones de euros. Por esa regla de tres, ¿quitarías el subsidio de desempleo porque “tú no tienes por qué pagar de tu trabajo a gente sin trabajo?” Cuestionable. Si te gustan las falacias ad hominem, aquí va una: ¿sabías que Hitler fue el primer antitabaco del s.XX? Exfumador integrista. ¿En qué te convierte eso?

Sin respuesta.

Esta pipa cargada de Samuel Gawith’s Chocolate Flake va por ti, estimado talibán. Porque, y conste que no te estoy llamando idiota a ti, sino a los argumentos que lanzas como cuchillos a la gente que es diferente que tú, esa idioticia nos hace libres a quienes todavía podemos razonar. Maravillosamente libres.

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