Hubo un tiempo, cuando en mi compañía deambulaban los libros  por la facultad de Derecho con desigual aprovechamiento, en el que me definía como español, monárquico y heterosexual, en un intento, algo insustancial y patético, de engrandecerme con palabras importantes y mayestáticas.

Hoy, modestamente, me limito a leer libros, escuchar a Springsteen y fumar en pipa.

No se si en el tránsito decepcioné a muchos, pero cada uno es reo de sus propias debilidades y limitaciones, o las que escoge, y a veces ni eso; es la vida, obviamente.

Y sin embargo, algo viene en el ambiente en contra de mi autorretrato actual.

Reglamentos pasivos. Leyes obscenas. Pensamientos únicos.

Pensamientos, leyes y reglamentos. Peligrosos.

Recorre nuestra vieja, y quizá querida, piel de toro un fantasma horrible y nauseabundo.

Fértil.

Un pensamiento que no es cabeza, ni corazón, si no consigna y eslogan. Un ansia que no es libertad ni opción, si no mando y orden. Una retórica que no es pulcra ni exacta, si no sesgo y negación. Una opinión que no es pensada y sensatez si no grito y falaz. Un progreso que no es medido ni individuo, si no fascista y legión.

Pensamientos, leyes y reglamentos. Peligrosos.

Me niego a desdibujar mi retrato. Pobre. Limitado. Heterodoxo. Pero libre y propio. Como el que pretendo en mi vecino y compatriota.

Y lucho. Con el hermoso, floral y delicioso humo de mi pipa. Insignificante. Quizá malsano. Pero vivo y meditado.

No harán de mí un hombre amputado.

© Gaviero

Posdata: Lo de heterosexual, a fuer de seguir politicamente incorrecto, tambien lo mantego. O sea.

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