Cuando la noche cae y el humo puebla el salón, lo normal es que la música que suena adquiera otra dimensión. Por la noche y por el humo, y una cierta propensión del alma a dejarse caer por según qué acantilados. Pero la ecuación es invariable: basta que no sea de noche, basta que nos envuelva la asepsia, para que todo quede reventado de normalidad, de intrascendencia.

Lo normal es que la mente cobre un movimiento oscilante y pendular entre el recuerdo y la proyección.

Ahora suena “No fue bueno, pero fue lo mejor“, del disco El Tiempo de las Cerezas, de Enrique Bunbury y Nacho Vegas.

El recuerdo trae un texto pasado, escrito sobre otra música, otras canciones.

en una sala pequeña, lleno de asientos con terciopelo rojo y mesas de mármol. la calma de algo íntimo y de andar por casa, para emociones cercanas al jazz y descritas en catalán. he llegado con tanta antelación que he entrado mientras hacían pruebas de sonido: por el mismo precio, he elegido mesa y me he llevado tres canciones de regalo, entre ellas “Tú”, que es una de las que más me emocionan. los músicos hablan entre ellos y vociferan en catalán que venga, que vamos a pillar un bocata. me encanta escuchar catalán en Madrid, y más en los tiempos de idioticia que corren. ahora falta todavía media hora para el concierto y estoy casi solo. dentro de poco todo se poblará de gente y tintineo de vasos y monedas y yo cerraré este cuaderno y masticaré sin prisa el humo del tabaco y sentiré que será uno de los últimos conciertos pequeños, no masivos, en el que podré fumar y sentir que el tabaco es el quinto instrumento. la música sin humo se vuelve desalmada, vacía de profundidad, aséptica y sin extensión fuera del prefabricado estudio de grabación.

son tiempos de deslegitimación, de esterilización, de ser correctos en todos los ámbitos.

fumo para subvertirme.
porque me gusta la música con humo entre las notas. una corchea no pesa igual en un estudio que entre el humo de los cigarrillos de una sala.

busco las vueltas a cosas que sólo tienen significado para mí. a detalles que la gente no aprecia o sólo desprecia. quizá por eso busco mi propia forma de hacer las cosas, de enfocarlas, llevarlas a mi espalda como una mochila llena de recuerdos: inútil, y útil.

me gusta estar sentado casi a solas y escuchando un hilo musical que podría haber diseñado yo mismo.
me gusta fumar en una sala y que alguien más que yo escuche Company in my Back de Wilco.
mi música, casi siempre privada, aislada en el refugio de mis paredes, sonando en paredes ajenas. y la gran parte del mundo no está aquí y no soportaría escuchar en alto estas notas.

(noviembre de 2005)

Quizá por eso, en noches como esta, hay letras que hablan por detrás de las palabras.

“En pie como soldadito de plomo,
se preparó para caer en combate,
para la mutilación.
Para el linchamiento, deporte nacional, independientemente, del país dónde esté.
O la cárcel.

También se preparó para el olvido,
para lo siguiente que vendrá,
para el “Dios proveerá”.
Y mañana será otro día,
depende del cristal con el que miras.
Todo es horrible o terriblemente bello.

No fue bueno, pero fue lo mejor.
Todo o casi todo salió de otra manera.”

Sí. Todo pudo salir de otra manera, pero no ha salido así.

Y caben tantas cosas en esta frase, que sólo el humo puede amortiguar su crudeza.

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