Abre los ojos y todo sigue en su sitio.

Las cortinas siguen corridas, no suena ninguna canción en el salón como suele ser habitual los domingos, no hay más rumor de existencia que el desperezarse lento del perro que dormía a los pies de su cama.

La cama. Ese lugar cuya mitad izquierda está llena de agujas invisibles que le impiden invadir ese lado.

Escucha detenidamente, y nada sucede. Se cerciora. Está solo.

Prepara un té, enciende el horno, ingiere dos bollos, observa el sol derramarse por el salón, lo ve desaparecer. Baja al parque, huele el otoño inminente, la hierba recién segada, los niños que corren dando vueltas al lago.

Su alma es la superficie del agua.

Impávido, deja que el viento le tire hojas en la cabeza y vuelve a casa, cuya superficie útil se está duplicando lentamente. El silencio sigue progresando, y hasta pasadas unas horas no termina de atreverse a poner música. Los versos se pegan a las paredes, desde donde le miran, disecados.

Your coat and hat are gone
I really can’t look at your little empty shelf

It’s a new dawn
It’s a new day
It’s a new life
For me

El hombre impávido observa sus posesiones, las que ahora son suyas, exclusivamente. Hoy es el primer día que vuelve a vivir solo. Como restos del naufragio, una maleta a medio llenar y un zapatero desnudo de zapatos femeninos. Respira hondo y enciende una pipa repleta de Frog Morton Across The Pond, a ver si su mejor tabaco puede poner un poco de sentido en la sucesión de acontecimientos.

Una vez prendida, el humo lo invade todo y forma interrogaciones. No le hieren. Simplemente cuelgan por el salón. Hablando de otros tiempos. De los pasados y de los futuros. Piensa en sus errores. Piensa: siempre hay errores. Piensa en los errores ajenos. Piensa: siempre hay errores. En el cristal se endurecen las motas de polvo y el silencio se hace pétreo. Una piedra de aire, piensa. Mi casa es ahora una piedra volcánica, piensa. Una piedra llena de poros por los que cabe el humo que todo lo calibra.

Toda ruptura exige humo, piensa. Y sonríe. De una forma vaga. Como sonríen los hombres impávidos.

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