Hace una semana entró en vigor la nueva ley antitabaco del anteriormente progresista Gobierno de España. Es una semana en la que los medios afines han pintado un maravilloso universo rosa en el cual la gente camina feliz por la calle, las flores emanan un perfume maravilloso y la crisis no existe, ni el probable rescate ni el incremento de la presión sobre nuestra deuda pública. No. El principal problema del país ha sido la victoria y la derrota de personas, y no un acuerdo ni una paz.

Vaya por delante una precisión que siempre he hecho y que la gente que entiende la vida como un combate entre blanco y negro no entiende: el hecho de fumar no quiere decir que nadie que no quiera tenga que tragarse mi humo. Hecha esta apreciación, en la cual no fumadores (y muchos fumadores) estarán de acuerdo, seguimos.

Ha sido una semana divertida para mí. Como he renunciado a ir a los bares, aparte de ser varias decenas de euros más rico, he podido leer las falacias y opiniones sesgadas de medios y periodistas que hasta ahora eran bastante imparciales, dentro de la subjetividad inherente a cada persona (ya lo decía Walter Benjamin: los sujetos somos subjetivos, sólo los objetos pueden ser objetivos).

Aparte de un divertido reportaje lolipop de hoy domingo en El País (pueden leer sus perlas aquí), en el que la opinión sustituye a la -parcial- información (ya el propio lead nos indica el jaez del posicionamiento editorial del medio: REPORTAJE: Nuevos hábitos con la ley antitabaco ¿A FUMAR A LA CALLE? NO PASA NADA), otra muestra de intolerancia que rayaría en lo risible de no ser reprensentativa de la sociedad clientelista que habitamos es el artículo de Ignacio Escolar “Siete falacias pro tabaco“. Curiosamente, anula dichas falacias con unas falacias todavía mayores.

1.- El Estado toma la medida para proteger la salud de los no fumadores. Falso. Si fuera una cuestión de salud pública, no se vendería el tabaco. Se podría hablar de otras clases de peligros para la salud pública, pero hay una diferencia fundamental entre la contaminación ambiental que envuelve Madrid y el tabaco: quien fuma paga impuestos, y quien contamina lo hace precisamente porque nadie se atreve a hacerle pagar. Es una cuestión de perseguibilidad, no de salud pública.

2.- Es la ley que reclama la UE para incorporarnos a la tendencia global y ponernos al nivel de Italia, Reino Unido o Irlanda. Curioso argumento. También es una tendencia global invadir países por petróleo, y eso no lo convierte en legítimo. El argumento “cuarenta millones de moscas no pueden estar equivocadas” es otra falacia de gran calibre. Entrando en precisiones, hay que leer este esclarecedor documento de cuáles han sido las pérdidas generadas por esta medida en el informe de la FEHR (aquí): 11 de cada 100 locales de Gran Bretaña ha cerrado por el descenso de público. Y no será por falta de bebedores en las Islas. ¿Por qué es imposible una solución que contente a ambas partes? La tendencia global de la que habla la falacia. A propósito, la falacia nada dice del caso holandés, ¿verdad?

3.- Esta Ley no es una cortina de humo, porque ha sido negociada. Falacia. Esta Ley, en su redacción actual, fue rechazada por el Senado con el voto negativo del PP y la abstención de CiU, y se introdujo una enmienda que permitía que hasta el 30% de la superficie de un bar o restaurante fuera para fumadores, convenientemente aislada, por supuesto. ¿Qué haces cuando no sale lo que quieres? Repites la votación inicial, e ignoras al Senado. Una negociación de primera clase, sin lugar a dudas. Por cierto, Nacho: práctica totalidad del Congreso, con el voto negativo del PP, supongo que es una ironía.

[CORRECCIÓN: como muy bien me indica el propio Nacho Escolar, “Es cierto que el PP introdujo enmiendas en el Senado que no prosperaron, pero poco después en el Congreso apoyó la ley.” Por tanto, corrijo el punto final del punto 3.]

4.- El humo de los coches se persigue también. Falso. Las iniciativas de movilidad y transporte público emprendidos por Gobierno y CCAA harían enrojecer de risa a cualquier ciudadano de Berlín, París o Londres, con sus congestion charge, sus limitaciones de circulación según número de matrícula y su educación vial que hace de la bici una verdadera opción de transporte. En España no se persigue la emisión masiva de CO2. Como decía en el punto primero, es más fácil perseguir a un señor encendiéndose un pitillo que a una factoría industrial, que es un patrón, da trabajo y no están las cosas para jugar a la ruleta rusa. Cobardía.

5.- El tabaco no está prohibido: se puede fumar en el 99% del país (al aire libre y en cualquier casa). Falacia. Para empezar, y aunque no lo creas, un fumador no es un perro al que atas a la puerta de una tienda mientras tú entras a comprar. Un fumador es una persona, como tú y como yo. Una persona que respira, que vive, que tiene opiniones a veces fijas y otras cambiantes y que se enamora y lee libros y escucha música. Un fumador es en general, una persona. Y las personas, en general, suelen ser educadas. Y cuando van a casa de alguien, no fuman, a menos que se les indique claramente que pueden. Porque la casa es el reducto de cada individuo, y porque, piensa, si me apetece fumar ya fumaré luego en casa. O en el bar. O caminando con mi hijo. Un bar es un lugar público, al que uno puede ir o no. Decir que se puede fumar en el 99% del país es una broma macabra. Es como decirle a un indigente que no debería quejarse, que si hay 3 millones de pisos vacíos, podría comprarse uno. Es un número tan falso que insulta la inteligencia de quien lo lee.

6.- Las prohibiciones son necesarias para la paz social. Una falacia épica. Evidentemente que tu libertad termina donde empieza la de los demás, pero caramba, resulta que viceversa también. Mi libertad empieza donde termina la de los demás. Yo fumo. Tengo la libertad de hacerlo. Y tengo el derecho de elegir un lugar donde fumar sin molestar a nadie. Limitar por ley ese espacio a mi casa es, además de una invasión de mi esfera personal, sobrepasar una fina línea entre democracia y totalitarismo. Y no, no te voy a regalar un estupendo argumento de persecución nazihitleriana.

7.- Los bares no son un servicio público; el que quiera fumar, que no entre. ¿Por qué es tan difícil que haya bares de fumadores y bares de no fumadores? Porque esta ley no es una solución, sino una persecución. ¿Es tan difícil adoptar la petición de la FEHR, de espacios cerrados para fumadores sin servicio de camareros y en el que no pueden entrar los menores? Claro que es difícil, porque eso sería una solución lógica que protegería el derecho laboral a la salud de los camareros. Pero en este caso, como ya hemos visto antes, no se trata de lógica, se trata de aplicar la Ley del Péndulo para pasar del todo a la nada.

Naturalmente, una octava falacia que podríamos contemplar aquí es que nos limitamos a quejarnos porque somos egoístas insolidarios, amantes de destruír el olor a perfume barato y sobaco de la gente que sale por las noches y asesinos silenciosos. Pues resulta que también ofrecemos soluciones:

– La de la FEHR: que bares y/o restaurantes tengan la capacidad de habilitar espacios para fumadores, con un tamaño nunca superior al 30% de la superficie del local, en el cual los fumadores puedan estar y fumar, y en el que no haya servicio directo por parte de camareros ni acceso, claro está, de menores.

– La mía: manejando el conocido porcentaje del 30% (que es el porcentaje de la población española que fuma, unos nada despreciables 10 millones de personas), que el Estado conceda licencias de bares de fumadores. Para optar a dichas licencias, evidentemente podrán hacerlo todos los locales que acometieron hace 5 años las obras de separación de espacios, que cuenten con los pertinentes filtros de renovación de aire, y el Estado elegirá entre las solicitudes a un máximo del 30% de la totalidad de establecimientos hosteleros del área determinada (barrio o población). Dado que el Estado se lucra con los impuestos indirectos del tabaco (más de 9000 millones de euros en 2009), qué menos que se implique en otorgar licencias, al igual que las otorga para locales de juego, farmacias o estancos. Con esta solución, habría un 70% de locales para no fumadores y un 30% para fumadores. Repito, ¿dónde está el problema con una solución así?

A menos que esto sea una nada neutral persecución, no debería haberlo.

Porque no es una persecución, ¿verdad?

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