“Reaparecieron los gestos técnicos, algún detalle de Afellay, la clase de Messi y finalmente las buenas manos de Esteban. La cosa se puso tan dulce que los fumadores pudieron echar un pitillo sin que nadie les echara la bronca mientras Keita firmaba el quinto en una acción preciosa.”

[extraído, por increíble que parezca, de El País en esta crónica]

Deducción: que cuando las cosas van bien, importa poco el humo, ese enemigo público número uno. Cuando todo se tuerce, las cajas se convierten en bancos y aprobamos leyes dictadas por un emporio de castas en Hollywood y Washington, ah, ahí buscamos culpables donde no los hay.

Curioso.

Anuncios