Permíteme que me disculpe. Ayer cometí un fallo imperdonable.

Torpemente me muevo entre las rutinas que nada me dicen. Los kilómetros recorridos cada día atravesando la ciudad que antes estuvo partida. Todo esto, pienso, es sólo un envoltorio necesario para llegar a otra parte. Como el envase de cartón protege los huevos que han de llegar a la nevera de casa.

Quizá, pero el envoltorio se expande y coloniza los espacios de mi vida. Ordenador. Teléfono. Correos. Vender. Intentar vender. Contar. Intentar comunicar. Mirar números, porcentajes fríos que nada cuentan de los esfuerzos. Abrir programas de presentaciones. Sólo me viste presentar algo durante una temporada determinada de mi vida: cuando hacerlo era una hazaña.

Hoy tengo una edad en la que las hazañas son menos épicas, más invisibles, más calladas.

Discúlpame que todo esto que no significa nada me haya hecho olvidar que ayer hubiera sido tu cumpleaños, una vez más. Déjame desagraviarte con mi mejor tabaco. Ya sabes, es nuestra forma de comunicarnos más allá de la vida.

 

Enzo Foresti “Pipaforo” > McClelland’s Frog Morton Across The Pond

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