Todo desaparece y no nos quedan ni las cenizas de aquello que amamos, pienso.

Lo pienso mientras camino alejándome lentamente de Covent Garden, sin volver la vista hacia una terraza al aire libre en la que acabo de vivir una escena de difícil definición. Porque estoy en Londres: uno de esos viajes que desde la adolescencia pensamos que significan el éxito del futuro que nos espera, capital de talla mundial, dar una conferencia delante de empresarios y emprendedores.

Hoy sabes que en realidad eso no significa gran cosa, salvo la posibilidad de caminar por calles que sólo te eran extrañas antes de nacer.

Porque todo desaparece, todo se pierde, te dices mientras te alejas de Covent Garden. Apenas 3 minutos antes has decidido desafiar el desagradable viento de componente noreste y tomarte un té en una terraza mientras abres la lata de Dunhill London Mixture que has comprado en el estanco de Charing Cross Road. Ese que ahora en el escaparate tiene que mostrar caramelos tras la última ley que impide la mostración de paquetes o latas de tabaco de forma pública y clara.

Te has sentado, has cargado la pipa, la terraza no está muy llena pero tardan lo suficiente en decidir quién te atenderá como para que te haya dado tiempo a encenderla. Ese aroma a latakia que impregna tu paladar. Y ya anticipas el Earl Grey con dos minutos y medio de infusión que dará el perfecto contrapunto. Aparece el camarero con su refinada educación británica de atención al público. Te arrancas a encargar tu té, pero antes de hacerlo te interrumpe con suavidad y te indica que antes de pedir tengas a bien leer lo que pone la carta.

A pie de la tercera página, una frase.

Please refrain yourself from smoking cigars or pipes.

Él continúa el parloteo disculpándose de antemano por las molestias, que en principio no tendría problema en que fume, pero que si uno solo de los demás clientes de esa terraza donde la sensación térmica no toca ni en verso los 10º centígrados se queja, se verá obligado a pedirme que por favor la apague. Yo no soy capaz de mirarle. Tengo la vista fija en la carta.

from smoking cigars or pipes.

Pienso en los cigarrillos. Esos cilindros que contienen más sustancias de origen desconocido que tabaco. Esas monodosis que atentan directamente contra el concepto que hay detrás de una pipa o de un Montecristo: la prisa contra la pausa. No las ataco: simplemente, no son mi liga. Pero era difícil no sentir remotamente como un insulto esa frase. No importa que te hayamos expulsado de los bares, donde medías el tiempo con la paz de medio litro de cerveza y una pipa. No basta que tu reino sea ahora el de las prostitutas y los barrenderos, cobijándote en las esquinas y en los soportales para poder encender sin interferencias eólicas la pipa. No: vamos cerrando el campo en una maniobra de difícil justificación racional por algo que nada tiene que ver con la salud, como decían los integristas que loaban esa ley que, decían, iba a crear muchos puestos de trabajo y dinamizar el sector hostelero con esos millones de no fumadores que iban a ir corriendo a los bares, ahora que son libres de humos.

Esos mismos bares que ahora cierran tras bajadas del 50 al 70% en sus ventas.

Bares muy distintos a este de Covent Garden, repleto de turistas despistados que encuentran razonable pagar 3 libras esterlinas por un mal cappuccino. A este bar en el que el camarero espera una respuesta mientras yo sigo mirando la carta desde hace varios segundos.

or pipes.

Inspiro con toda la calma y serenidad que me da haber pasado ya con holgura la frontera de los 30. Le sonrío, y le digo,

– No problem, sir…

Sonríe aliviado. Echa mano al bloc de notas de su delantal.

– …then it would be wise not to spend my money here. Have a nice day.

Y me levanto y me alejo de esa terraza sin volver la vista atrás.

Almiralty ArchDecido caminar por las majestuosas calles adyacentes. Strand. Llego hasta Trafalgar Square. Atravieso el Almiralty Arch para adentrarme en The Mall, el paseo que lleva a Buckingham Palace. Subo por St. James’s Street hacia Regent Street. Lugares que durante décadas representaron un símbolo aspiracional de una cierta nobleza, los mejores sastres de Europa, comercios que ahora son marcas, Fortnum & Mason, Penhaligon, Dunhill. Camino por allí honrándoles un íntimo tributo a un tiempo perdido: fumando en mi pipa. Como si fuera 1952 tras la Coronación. No me cruzo con ningún otro fumador en pipa. Todos los viandantes con los que me cruzo, en su inmensa mayoría turistas, me miran como si llevara una chuleta de cordero en la cabeza.

Como si procediera de otro mundo.

Quizá sea así.

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