Quizá algún día, si se diera el improbable caso de ser padre, tenga un hijo que no tema regalarme una pipa y hacerme feliz.

Escribí esta frase hace siete meses, tras pasar ese día que los grandes almacenes tienen a bien denominar El Día del Padre. Era esa clase de día en la que uno no puede ya buscar un libro de pesca para regalar, sino sólo pensar. No tanto en quien ya se ha ido, sino en la clase de hombre que uno empieza a ser. Sobrepasada la treintena, es imposible no dar vueltas al hecho de que tu madre tuviera tu edad cuando te tuvo a ti. Y ya era tardía para esa época. Tú entras en esa edad. Ya sabes.

Y aparece una frase como esa. Ser padre. Imaginar un hijo que te regala una pipa.

pipa martinNaturalmente, eso está todavía lejos, si se diera el caso. Lo sé yo y lo sabe la mujer con la que comparto mi vida. Ella, la discreta, miss no-sorpresas, se quedó con esa frase prendida en el pensamiento. Ella, que conoce mi amistad con el mejor artesano de pipas de España, apareció un día por su taller. Entre todas sus freehand, buscó una pipa especial. Una que fuera tan especial como la que podría regalarme ese hipotético hijo.

Y eligió esta maravilla: la 27-09. Una apple especialmente redonda y rotunda, en la que no escasea la madera. Una pipa de mano poderosa, que a cambio lleva un acabado delicadísimo: el rusticado piel de nutria. Imaginad un peine que milimétricamente fuera capaz de alinear la madera hasta tal punto que uno siente estar acariciando el pelo de una persona querida. La mujer. Un hijo. Esa sensación. Por eso la pipa es rotunda y ancha: para que esa sensación pese en la mano, como pesa una cabeza que duerme en nuestro regazo. Una cabeza que queremos y protegemos de una forma invisible, generando a su alrededor ese campo de fuerza llamado cariño.

Técnicamente, como todas las Martín, bien sean freehand o mecanizadas, la pipa es impecable. Un tiro de 3,8mm y un hornillo de 20mm, tiene la holgura suficiente para permitir respirar a un flake o atesorar una buena porción de cross cut. Como todavía la reservo para ocasiones muy especiales, no tiene el rodaje suficiente para comprobar su comportamiento con tabacos poderosos o latakiados: de momento, virginias de todas las añadas y calidades están pasando por ella. Sigue buscando Su Tabaco. Como tantas otras pipas.

Pero ninguna tiene el poder de sugerir tanto al tacto como esta.

Ella probablemente se sintió atraída por un tacto tan especial y diferente, y cuando la eligió no pensó en cabezas en el regazo y esa protección a través del tacto. Tal vez.

Pero como yo soy un hombre de la vieja escuela, me gusta pensar que sí. Por eso lleva su nombre.

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