“Si la vida te da limones, haz limonada”

– Antiguo proverbio de abuela

Los fumadores vivimos tiempos difíciles.

En la extinción sistemática de derechos a la que ya llevamos años acostumbrándonos, observamos ahora desde lejos como se confirman los presagios que hicimos hace tiempo y que nadie quiso escuchar: la ley antitabaco no es sólo una ley antitabaco, es un recorte de libertades civiles que se enmarca en un movimiento mucho mayor, para recortarnos paso a paso a todos, fumadores y no fumadores, libertades esenciales. Lo gritamos bien claro, y los no fumadores se reían de nosotros.

Bien, abrid el periódico. Ahora ya no se ríe nadie.

Llevamos ya un tiempo encima los fumadores en el que se nos mira de soslayo, como enfermos corruptos. Como el ejemplo que le ponen los padres meapilas a sus hijos de lo que no hay que hacer. Cómo señalarle a ese padre estereotipado que durante toda la historia las conversaciones tranquilas y las tertulias siempre han requerido de compañeros de viaje que incitaban a la reflexión y a la intimidad, como una buena copa, como el humo que da la mesura exacta a las palabras.

Inmersos en el mundo impostado de los comercios bio y la leche de soja, es imposible explicarlo. La insana vida sana.

Lo que las falacias postmodernas no cuentan es que las leyes restrictivas no son iguales en todas partes. Que no en todos los países se condena al fumador como a un apestado infame a los callejones de la vía pública. Así que me he propuesto poner mi granito de arena: ofrecer una modesta guía de locales berlineses donde se puede fumar. Para turistas y residentes.

Y para mostrarle al mundo que todavía hay maneras civilizadas de hacer las cosas.

Pronto en sus pantallas.

© Sergio Falconi-Parker, 2007

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